Santa Teresa de Lisieux
Hija de María
[40vº] Casi inmediatamente después de mi entrada en la Abadía, ingresé
en la Congregación de los Santos Ángeles. Me gustaban mucho los ejercicios de
devoción que en ella se prescribían, pues sentía una especial inclinación a
invocar a los bienaventurados espíritus celestiales, y en particular al que
Dios me dio para que fuera el compañero de mi destierro .
Poco tiempo después de mi primera comunión, la banda de aspirante a las Hijas de María sustituyó a la de los Santos Ángeles,
pero abandoné la Abadía sin haber sido recibida en esa congregación de la
Santísima Virgen. Como salí antes de terminar los estudios, no se me permitía
entrar en ella como antigua alumna. Confieso que ese privilegio no me atraía
demasiado; pero pensando que todas mis hermanas habían sido "hijas de María", no quería ser menos hija que ellas de
mi Madre del cielo, y fui muy humildemente (a pesar de lo mucho que costaba) a
pedir permiso para ingresar en la congregación de la Santísima Virgen, en la
Abadía. La primera profesora no quiso negármelo, pero me puso como condición
que tenía que venir al colegio dos días a la semana , por la tarde, para
demostrar que era digna de ser admitida.
Este permiso, lejos de agradarme, me costó enormemente. Yo no tenía,
como las demás alumnas, una profesora amiga con quien poder ir a pasar el
tiempo. Así es que me conformaba con ir a saludar a la profesora, y luego
trabajaba en silencio hasta que terminaba la clase de labores. Nadie se fijaba
en mí. Así que subía a la tribuna de la capilla y me estaba allí delante del
Santísimo hasta que papá venía a buscarme.
Santa Teresa de los Andes
Escribe la santa en una de sus cartas:
"Pídele a la Santísima. Virgen que sea tu guía;
que sea la estrella, el faro que luzca en medio de las tinieblas de tu vida.
Que te muestre el puerto donde has de desembarcar para llegar a la celestial
Jerusalén. La voluntad de Dios es que seamos virtuosas. Tengamos el suficiente
carácter para ser verdaderas Hijas
de María, tanto en el colegio como en la casa. Lo demostraremos si somos
obedientes. Obedecer, tal como obedecía N. Señor Jesucristo en Nazaret, aún a
sus inferiores, porque era la voluntad de su Padre. Obedecer sin replicar y sin
indagar si tienen razón o no en mandarnos, sometiendo así nuestro juicio al del
superior o inferior. Siendo puras como los ángeles. Jamás detenernos en un
pensamiento impuro, ni fijar nuestra vista en algo menos decente. Tener mucha
modestia en el vestirnos, pensando cómo lo haría la Santísima. Virgen. Debemos
tratar de ser caritativas. No hablar jamás mal del prójimo. Defenderlo en
cuanto podamos, o desviar la conversación a otro asunto sin que lo noten, si no
podemos defenderlo.
Santa Bernardita Soubirous
En una de las ocasiones en que Bernardita acude a la gruta de Lourdes,
cuenta su biógrafo:
"El 19 de mayo de 1866, Monseñor Laurence, obispo de Tarbes,
consagró cinco altares de la cripta que sería el cimiento de la futura capilla
del santuario de Lourdes. Al día siguiente, una gran multitud de miles de fieles acudió
a la gruta. Hubo una solemne procesión con el obispo a la cabeza. Bernardita
estaba presente y la gente la señalaba con la mano. Ella estaba contenta como
un ángel e iba vestida con su vestido de hija de María."
Santa Narcisa de Jesús

Venerable, María Teresa González Quevedo
Tras consagrarse como Hija de María, recibe una medalla de la
Virgen. Detrás de ella puede escribir una frase, escogida libremente. Después
de reflexionar un poco, formula esta breve oración:
“Madre mía, que quien me mire,
te vea”.